Diferencias clave entre el estrés y la ansiedad
En el ritmo de vida actual es habitual escuchar a personas decir que están 'muy estresadas'. Sin embargo, ese estrés acumulado puede cruzar la línea hacia un trastorno de ansiedad sin que el paciente lo note claramente al inicio.
El estrés suele tener un detonante concreto y externo: una fecha límite laboral, dificultades económicas temporales o un examen importante. Una vez resuelto el problema, los niveles de tensión suelen descender gradualmente. La ansiedad clínica, en cambio, persiste aun en ausencia de amenazas reales, se proyecta constantemente hacia escenarios futuros desfavorables y genera una sensación constante de peligro inminente.
Señales en el cuerpo que conviene comentar con un profesional
La ansiedad no se manifiesta únicamente en la mente; tiene un impacto directo y notable en el organismo a través de la activación prolongada del sistema nervioso autónomo. Ante un malestar físico nuevo, consulta primero a tu médico. Si descarta otra causa, conviene revisar la ansiedad.
- Tensión muscular persistente, especialmente en cuello, hombros y mandíbula.
- Opresión en el pecho o sensación de falta de aire. Si aparece de golpe, se extiende al brazo, la mandíbula o la espalda, o viene con sudor, náusea o mareo, llama al 911. Si es nueva o nadie la ha revisado, consulta a tu médico antes de atribuirla a la ansiedad.
- Dificultades frecuentes para conciliar o mantener el sueño, o despertar con sensación de agotamiento.
- Molestias digestivas recurrentes, como ardor, dolor abdominal o náuseas, cuando tu médico ya descartó otras causas.
- Hipervigilancia, irritabilidad constante y dificultad para concentrarse en tareas cotidianas.
Qué se trabaja en la Terapia Cognitivo-Conductual
La Terapia Cognitivo-Conductual es uno de los tratamientos con evidencia para la ansiedad, según la guía de práctica clínica mexicana IMSS-392-10. En la terapia se trabaja identificando las distorsiones cognitivas (como la catastrofización o el pensamiento de todo o nada) que alimentan la angustia.
A través de herramientas prácticas de reestructuración mental, exposición gradual y técnicas de regulación psicofisiológica, el paciente practica otras formas de interpretar las situaciones y de manejar la respuesta de alarma del cuerpo. La respuesta a la terapia varía en cada persona. Si la angustia no cede o ya interfiere con tu trabajo, tu sueño o tus relaciones, vale la pena una valoración con un profesional de salud mental.

